Primera cita en la península ibérica de Martesia fragilis Verrill & Bush, 1898.

Fotografía 1: El aspecto del coco denota que ha pasado un largo periodo de tiempo en el mar. En este sentido, se observa la pérdida del exocarpio y el avanzado estado de descomposición de las fibras que forman el mesocarpio. Junto al ejemplar de M.striata, una galería de otro ejemplar ya extraído en el que se observa el endocarpio.

Una nueva especie de bivalvo, procedente de las costas caribeñas, ha aparecido en la costa del Algarve portugues, en el municipio de Vilamoura. Se trata de Martesia fragilis, muy rara en nuestro continente y citada en Europa, únicamente, en las costas británicas (Holmes, 2015). La aparición de varios ejemplares en la península ibérica amplia extraordinariamente su distribución y supone la presencia de una nueva especie en la zona, así como la de un nuevo género.

El pasado mes de abril encontré en la playa de Vilamoura (Portugal), un coco en un estado que sin duda sugería que había pasado un largo periodo de tiempo en el mar. Me llamó la atención la presencia de 4 bivalvos que habían hecho sus galerías en la corteza y que no pude identificar a primera vista, si bien no me parecieron ninguna de la especies perforadoras que se pueden encontrar en la zona. Más tarde, en mi casa pude extraer los ejemplare aun frescos y comprobar que se trataba de M. fragilis (especie cosmopolita, original de la costa caribeña y no citada en Portugal).

Fotografía 2: Otro ejemplar de M. striata en su galería. Tras taladrar el mesocarpio del coco la galería se extiende hasta el duro endocarpio sin llegar a perforarlo. Al no poder romper esta última capa, el coco permanece estanco y flota, por lo que puede permanecer largos periodos de tiempo a la deriva.

Fotografía 1: Un ejemplar de M. fragilis en su galería. Tras taladrar el mesocarpio del coco la galería se extiende hasta el duro endocarpio sin llegar a perforarlo. Al no poder romper esta última capa, el coco permanece estanco y flota, por lo que puede permanecer largos periodos de tiempo a la deriva.

fragilis

Pese a su lejano origen no se debe considerar como una especie exótica invasora ya que en su llegada a las costas portuguesas no ha mediado la acción humana. Aunque este punto es discutible, se puede suponer en base a la naturaleza de esta cita que M. fragilis ha arribado a las costas de la península ibérica transportada por la corriente del Golfo de México. Se trata de un organismo que perfora la madera por lo que algunos materiales como troncos de árboles, o como en este caso un coco, se convierten en vehículos de dispersión y las corrientes marinas la convierten en una especie cosmopolita ampliamente distribuida por mares cálidos, templados y capaz de llegar a Europa.

Fotografía 3: Los ejemplares frescos confirman su muerte reciente al quedar varados en la playa. Este hecho demuestra que no se trata simplemente del arribazón de restos de conchas y que los ejemplares han llegado vivos, por lo que puede citarse la especie en la península ibérica.

Fotografía 2: Los ejemplares frescos confirman su muerte reciente al quedar varados en la playa. Este hecho demuestra que no se trata simplemente del arribazón de restos de conchas y que los ejemplares han llegado vivos, por lo que puede citarse la especie en la península ibérica.

Las corrientes marinas son un fenómeno generalizado en todos los océanos. Cada una de ellas está relacionada con una zona concreta del globo terrestre, realiza un recorrido bien definido y presenta características concretas. Se forman por la interacción de los vientos superficiales y el efecto Coriolis (aceleración de las masas de agua debido a la rotación de la tierra sobre su eje), generándose corrientes marinas superficiales y profundas. Estas corrientes son como enormes ríos oceánicos que se desplazan en diversas direcciones y forman verdaderas autopistas, usadas desde antiguo por la navegación. De igual forma que ayudaban a la navegación son responsables de la dispersión de animales y plantas entre islas cercanas y, en menor medida, entre costas más alejadas.

Figura 1: Representación de la vena principal de agua que forma la corriente del Golfo. Sale de EEUU y llega a las Islas Británicas donde se bifurca en una rama norte, hacia Nuruega, y otra hacia el sur que baja por las costas de la península ibérica, pasando por el Algarve portugués y el golfo de Cádiz.

Figura 1: Representación de la vena principal de agua que forma la corriente del Golfo. Sale de EEUU y llega a las Islas Británicas donde se bifurca en una rama norte, hacia Noruega, y otra hacia el sur que baja por las costas de la península ibérica, pasando por el Algarve portugués y el golfo de Cádiz.

La corriente del golfo de México, también conocida como corriente del Atlántico Norte o corriente del Golfo, es una corriente de aguas cálidas y superficiales que gira en sentido de las agujas del reloj. Se genera en el lado occidental del golfo de México y sube por Florida hasta el cabo Hatteros en Carolina del Norte, donde abandona el continente americano hacia Europa. Cerca de las Islas Británicas se divide y una vena baja hacia la península ibérica, continua por la corriente de las Canarias y transcurre por el sur del mar de los Sargazos de vuelta a América. La corriente del Golfo es la más caudalosa del mundo (de 70 a 90 millones de M3/seg), tiene de 75 a 200 km de ancho y entre 500 y 1500 metros de profundidad. Aunque la velocidad no es constante y varía según los diferentes tramos, se calcula una velocidad media de desplazamiento de entre 4,5 y 5 Km/hora.

Entre Florida (EEUU) y Vilamoura (Portugal), hay una distancia de unos 6.700 kilómetros pero debido al arco que describe la corriente del Golfo, la distancia que recorre un elemento a la deriva ha de ser significativamente mayor. El hecho de que un pequeño coco inmerso en la inmensidad del océano Atlántico recorra esta distancia es perfectamente posible y explica la presencia de M. fragilis en estas aguas, lo que no deja de ser una heroica gesta para los 4 pequeños bivalvos que arribaron al Algarve. 

La especie M. fragilis pertenece a la familia Pholalidae. Los bivalvos de esta familia son conocidos como “barrenillos” ya que ocupan galería escavada por ellos mismos. Prefieren sustratos no muy duros como fango compacto, troncos o materiales leñosos diversos como los cocos, que horadan raspando con la zona anterior de sus valvas, las cuales están ligeramente dentadas y poseen un borde cortante. Las usan con movimientos oscilantes en los que intervienen los músculos aductores y un tercer musculo (el musculo ventral o sifonal). También se ayudan con movimientos del pie y giros del animal dentro de la galería.

La especie no suele superar los 50 mm (los ejemplares localizados en Vilamoura están entre 13 y 24 mm), tienen una concha equivalva, blanca y presentan el extremo posterior de las valvas entreabierto. Éstas son delgadas, frágiles, marcadamente inequiláteras y con forma de cuña (los juveniles son globosos), si bien la forma puede tener cierta variación ya que los bivalvos perforadores crecen dentro de la cavidad que ocupan y ésta puede condicionar, en mayor o menor medida, el perfil de la concha. Los umbos están desplazados hacia el extremo anterior en posición casi terminal y sobre ellos hay una placa accesoria o mesoplax. Este es cóncavo, con el reborde hacia arriba, líneas concéntricas más o menos marcadas en su interior y de contorno semicircular. En los adultos hay otras 2 placas accesorias: el metaplax en la región dorsal, que es alargado y parte desde el mesoplax; y el hipoplax, que es una tercera placa elíptica y ventral. Estas placas están imbuidas en el tejido del manto y entre ambas valvas, ya que el animal presenta los bordes del manto fusionados y cerrados.

Fotografía 4 y 5: A la derecha, vista dorsal de la concha donde se observa el mesoplax. A la izquierda observamos un ejemplar adulto con las 3 placas (mesoplax, metaplax e hipoplax), en sus posiciones relativas a la concha. En esta foto tambien se parecia el aspecto externo de la valva y su escultura en dos grupos de costillas comarginales.

Fotografía 3 y 4: A la derecha, vista dorsal de la concha donde se observa el mesoplax. A la izquierda observamos un ejemplar adulto con las 3 placas (mesoplax, metaplax e hipoplax), en sus posiciones relativas a la concha. En esta foto tambien se parecia el aspecto externo de la valva y su escultura en dos grupos de costillas comarginales.

Fotografía 6: Vista ventral. A la izquierda de la concha se observa el callum que ocupa una zona amplia más gruesa y robusta.

Fotografía 5: Vista ventral. A la izquierda de la concha se observa el callum que ocupa una zona amplia más gruesa y robusta.

El extremo anterior de la concha es redondeo y en el margen anteroventral está el callum. Se trata de una protuberancia protectora bien diferenciado de la concha de los adultos, característica de la familia Pholadidae.

Las valvas tienen una forma característica, más acentuada en otras especies de la familia como Pholas dactylus y Barnea candida (ambas especies son autóctonas). Esta forma, redondeada anteriormente y alargada digitiformente hacia el extremo posterior, las ha hecho conocidas como “alas de ángel”. La escultura (Ver fotografía 5), presenta dos grupos de costillas concéntricos (anterior y posterior), separados por un surco transversal que parte desde el umbo y llega al extremo ventral de las valvas. El grupo anterior es de pequeño tamaño y las costillas están estrechamente agrupadas, mientras que el posterior está más desarrollado y presenta espacios intercostales más amplios. El mayor desarrollo de las costillas hacia el extremo posterior puede dar aspecto lamelar en la zona terminal de la escultura. El callum carece de escultura.

 Fotografía 7: Aspecto interior de la concha. Destaca el profundo seno paleal y la presencia de una impresión ventral del musculo sifonal. El musculo aductor anterior está parcialmente tapado por el umbo y se aprecia la larga apófisis bajo este.

Fotografía 6: Aspecto interior de la concha. Destaca el profundo seno paleal y la presencia de una impresión ventral del musculo sifonal. El musculo aductor anterior está parcialmente tapado por el umbo y se aprecia la larga apófisis bajo este.

La charnela no presenta dientes, y el ligamento es interno y pequeño. Debajo del umbo aparece una apófisis larga y estrecha por donde se fija el musculo del pié. En el interior destaca el seno paleal que es muy amplio. Las impresiones de los músculos aductores anterior y posterior son alargadas, y hay una tercera impresión del músculo sifonal visible cerca del margen ventral en la zona media de las valvas. Se trata de organismos filtradores que permanecen ocultos en sus galerías y se alimentan de partículas que aspiran con sus sifones. El sifón inhalante presenta una serie de tentáculos en el perímetro terminal, que evitan el paso de grandes partículas.

La aparición de esta especie en las costas del Algarve deja abierta la posibilidad de nuevas citas y nos hace plantearnos la posibilidad de si no habrá habido otras anteriores. Incluso, con el transcurso del tiempo se han podido establecer poblaciones en nuestras aguas que han pasado desapercibidas hasta hoy. Sea como fuere, hay que mantenerse atentos a la biodiversidad porque la vida avanza y conquista nuevos horizontes, en ocasiones ante nuestros ojos aunque algunas especies pasen desapercibidas dentro de un coco.