COLECCIONES MALACOLOGICAS: TÉCNICAS

¿COMO HACER UNA COLECCIÓN DE CONCHAS MARINAS?

 Cuando empezamos una colección de conchas no siempre somos conscientes de la gran cantidad de ellas que, con constancia y tiempo, podemos acumular. Puede llegar un momento en que el número de conchas nos desborde y, si no hemos empleado una metodología adecuada, podremos perder datos de interés sobre donde y cuando cogimos muchas de ellas ó información que en su momento consideramos importante sobre tal o cual ejemplar. Para que esto no ocurra y no perdamos información, debemos ser metódicos en el proceso de recolección, observando algunas pautas en el almacenamiento y conservación de las conchas. Los pasos básicos a seguir podrían ordenarse correlativamente en recolección, limpieza, determinación taxonómica y sistemática, fotografiado y almacenamiento.

Recolección

Al recoger las conchas se obtiene información de campo que más adelante nos puede ser de gran utilidad, como es la localización geográfica, la fecha, el recolector u otras observaciones varias. Estos datos van a servir para determinar las especies, ahondar en características biológicas y resolver posteriores dudas que surjan y para tener disponible la información y no perderla hay que etiquetar las muestras. Para ello asignaremos etiquetas a las conchas que cojamos y las guardaremos junto a éstas, anotando el nombre de la especie, el lugar de recolección, fecha, nombre del recolector y demás observaciones. La concha se puede determinar tiempo después de su recogida y no siempre es el recolector quien lo hace, así que también deberemos anotar el nombre del determinador en este caso.

NOMBRE: Nombre científico del nivel taxonómico al que hemos llegado. Bolinus brandaris (Linnaeus, 1758)

LUGAR: Localización de la zona con la máxima definición posible. Huelva/Ría del Piedras/Caño de la Culata.

FECHA: De recogida de la muestra. 04/04/2010

REC/DET: Nombre del recolector y de quien determino la especie. G.Gómez/G.Gómez.

OBSERVACIONES: Cualquier dato que estimemos relevante.Localizada a 3 metros de profundidad y ocupada por un cangrejo ermitaño del género Dardanus. Conchas abundantes en la zona.

 Ejemplo de la ficha informativa que debe tener asociada cada concha recolectada. Si las observaciones son abundantes se puede rellenar la ficha por ambas caras. Otra opción es incluir un código en la etiqueta que nos permita relacionarla con una base de datos, donde podemos incluir las observaciones por campos. Esto requiere un tratamiento informático sencillo pero un trabajo añadido al etiquetado, aunque resulta muy útil y más cómodo a la hora de realizar consultas o algún tratamiento de la información.

 

Cuando recolectemos conchas hemos de tener en cuenta que no se deben sacrificar ejemplares, pues el fin de una colección no justifica un impacto en el medio ambiente o matar los ejemplares empleados para hacerla. En ocasiones serán animales amenazados e incluso catalogados en distintas categorías de amenaza como “Vulnerables”, “En Peligro de Extinción”, etc. Por tanto, la extracción de estos animales de su medio natural, además de ser una acción con repercusiones ecológicas muy negativas, puede suponer un delito tipificado. Por otra parte, algunas especies tienen interés comercial y su captura está regulada, así que su recolección sin el permiso pertinente está sancionada.

 

Limpieza

Este paso no es meramente estético, ya que algunos rasgos de la concha pueden permanecer ocultos bajo concreciones biológicas, restos de arena o fango y dificultar la identificación de los caracteres  necesarios para una correcta determinación. Por ello, debe ser tras la limpieza cuando procedamos a la determinación de la especie en caso de que tengamos alguna duda tras su recolección. Las muestras encontradas fuera del agua suelen estar limpias de incrustaciones y solo habrá que limpiar algún resto de fango o arena, pero aquellas que permanecen en el agua acaban por cubrirse de algas y organismos incrustantes. En los casos más sencillos las conchas se limpian usando agua con jabón y un cepillo no muy duro, pero para las incrustaciones masivas deberemos recurrir a tratamientos con productos y/o raspado mecánico.

Lo primero en la limpieza es eliminar las partes blandas del animal. Con animales recién muertos o adquiridos en un mercado, necesitaremos retirar el cuerpo entero de la concha y para ello se puede hervir la muestra o congelar ésta durante unos días, lo que ayudara a facilitar la extracción del cuerpo. El hervirlo puede fracturar las conchas más frágiles y no es aconsejable con conchas muy coloridas, ya que puede mermar la intensidad de los tonos. Una tercera opción es sumergir la muestra en alcohol durante un par de días, ya que deshidrata los tejidos reduciendo el volumen de las partes blandas y facilitando su extracción.

En los casos más complicados, como son las conchas cubiertas de concreciones, debemos recurrir a un tratamiento químico que facilite el raspado posterior. Lo más sencillo es con lejía al 90%, en la que sumergiremos la concha durante un par de días. Con ello eliminaremos las partes blandas aún existentes, los organismos adheridos y disolveremos las concreciones que recubren la concha. Hay que tener en cuenta que la lejía puede causar la destrucción o deterioro de la concha igual que lo hace con las concreciones que pretendemos limpiar. Por ello tenemos que valorar si usamos o no lejía y mirar los tiempos para que no se coma los colores. En ningún caso meteremos un opérculo corneo en la lejía pues sé disuelve como tejido que es.

El raspado mecánico es muy erosivo y deberemos elegir muy bien las herramientas, utilizando la que menos impacto produzca. Desde una simple aguja, todas pueden dañar la concha así que es aconsejable utilizar una luz potente y una lupa para prever daños que pasan desapercibidos a simple vista y que podríamos causar en la limpieza.

 Los tratamientos químicos, el rascado y la limpieza en general, son métodos muy agresivos que pueden dañar la concha y su color, así que deberemos ser cuidadosos y no excedernos en las dosis de esfuerzo que empleemos. Por otro lado, las conchas pueden ser más o menos frágiles, tener un periostraco delicado o cualquier otra variante que nos obligue a realizar alguna técnica de limpieza más aconsejable que otra. Por todo lo dicho, es recomendable que consultemos diferentes métodos de limpieza antes de dañar la concha irreversiblemente.

La concha puede haber sufrido desperfectos y decoloración por su exposición al medio o el mismo proceso de limpieza. Restaurar las conchas no es una tarea sencilla y en la mayoría de los casos no es posible. No obstante, si necesitamos recuperar la coloración o eliminar algún arañazo de la concha, podemos aplicar parafina líquida con un pincel que, aunque no hace milagros, puede mejorar sensiblemente las pérdidas de tonalidades. 

Limpieza lejía Limpieza rascado Limpieza parafina

De izquierda a derecha, se muestra el proceso de limpieza aplicado a una concha de Zonaria pyrum, cubierta masivamente de organismos calcáreos y algas; 1) Tras meter la concha en una disolución de lejía se ha reducido el volumen de concreciones y se han desprendido las algas adheridas, 2) En el paso siguiente raspamos las incrustaciones con un bisturí dado la dureza y cantidad de costra a retirar. 3) Se muestra el resultado final tras eliminar las incrustaciones y aplicar parafina liquida a la concha.

Determinación taxonómica y sistemática

La parte más técnica y complicada de una colección malacológica es la determinación y ordenación sistemática de los diferentes taxones, labor que no siempre es fácil dado que la información suele estar dispersa en multitud de trabajos y libros. Además, no siempre encontraremos un criterio único entre autores y podemos hallar discrepancias sobre la clasificación sistemática de algunos grupos, la diferenciación entre algunas especies o su inclusión como variaciones de una misma. Otro problema, son las revisiones que continuamente realizan los especialistas de los diferentes grupos y que afectan al nombre científico de las especies y los géneros.

La para la determinación de mi colección he usado diferente bibliografía, procurando resolver las discrepancias entre autores acerca de si algunos taxones son variaciones de una misma especies una especie diferente. En este sentido, he resuelto según las revisiones más fiables y/o más actuales encontradas para cada caso. La nomenclatura y la sistemática de grupos está basada en el proyecto de Fauna Ibérica (se puede consultar “en línea”, en http://iberfauna.mncn.csic.es/), y en la base de datos de “Check List of European Marine Mollusca” (CLEMAM), consultable también en “la red” y de cuya actualización se ocupa el Departamento de Sistemática y Evolución del Museo de Historia Natural de Paris.

Fotografía

El fotografiado de cada concha es una parte importante que no siempre se incluye en las colecciones. Requiere ciertos materiales y algunos conocimientos técnicos de fotografía, sobre todo para las conchas más pequeñas, pero nos permite tener un formato gráfico muy apropiado para “enviar” o “exponer” las conchas sin sacarlas de casa. La fotografía previene pérdidas, roturas o deterioros de nuestros ejemplares ya que cuanto menos movamos nuestra colección menos la expondremos a los accidentes.

Para hacer las fotografías debemos tener un fondo homogéneo que permita un buen contraste con la concha y a su vez evitar el reflejo de la luz, ya sea del flash o ambiental. Un buen sistema, es un flocado autoadhesivo, aterciopelado y negro pegado sobre una tabla de contrachapado. La cámara se apoyará en un trípode para evitar el movimiento del pulso. Por último, como algunas conchas ruedan y no se mantienen en la posición deseada es conveniente usar algún truco para conseguir mantenerlas en dicha posición. Para ello, algo económico y sencillo de usar es la plastelina que cortaremos en pequeños trozos para calzar o fijar la concha en la posición adecuada.

El fotografiado no siempre es fácil y requiere de una cámara de gama media-alta, además de ciertos conocimientos. Las fotografías de las conchas las haremos siempre a máxima resolución, con luz ambiente o con ayuda de luz artificial, pero sin flash. Para ajustar los parámetros de la cámara hemos de ponerla en modo manual, seleccionar el macro y graduar la apertura del diafragma y la sensibilidad (ISO). Como vamos a necesitar una sensibilidad muy baja en estas fotografías seleccionaremos un ISO 80 y cerraremos al máximo el diafragma, hasta F8.0. Debido a que se trata de objetos enfocados en el centro de la fotografía seleccionaremos la medición de luz en modo puntual.

Pese al uso de un trípode, cualquier movimiento puede desenfocar la fotografía y por eso es conveniente colocar el disparador con retardo para evitar el movimiento de nuestro pulso al disparar. Otra posibilidad es colocar un disparador remoto a la cámara pero no será necesario si usamos el retardo.

Una vez que tenemos hecha la fotografía siempre se puede mejorar con un programa de tratamiento fotográfico, mediante algunas operaciones muy sencillas. Para ello bastará con ajustar los niveles de la imagen (hay opciones automáticas en estos programas muy eficaces), el brillo, el contraste y los colores. Una última cosa que debemos hacer, es homogeneizar el fondo de la fotografía, ya que a esta resolución siempre se observa polvo o pelusas en el flocado. Está homogenización la realizaremos con las herramientas “cubo” y “pincel”, seleccionando el color negro (el mismo color que el flocado), rellenando con el “cubo” y repasaremos los contornos, si fuese necesario, con diferentes grosores del “pincel”.

Como existe una importante variación morfológica en algunas especies, conviene tener identificadas las conchas que hemos fotografiados, por si hacemos una descripción que ésta se ajuste a la fotografía y poder recurrir a esa concha en caso de duda. Si vamos a hacer un texto descriptivo de las especies que tenemos, debemos hacer tantas fotografías como sean necesarias para ofrecer una visión general de toda la concha. El problema es que tenemos que dar el mismo tamaño a las fotografías ya que puede que tengamos que usar conchas de ejemplares diferentes para la ficha. Así, si insertamos estas fotografías en un mismo documento quedarían con tamaños dispares y para que esto no ocurra usaremos la herramienta “tijeras inteligentes”, que aparece en diferentes programas de tratamiento fotográfico y sirve para recortar el “objeto”. Con esta herramienta marcaremos el contorno de la concha, luego la copiaremos y pegaremos el “objeto” en el documento para ajustar su tamaño y no el de toda la fotografía. Este sistema permite dar el mismo tamaño a diferentes “objetos” y de forma independiente, para que queden exactamente iguales. Hay varios programas gratuitos de tratamiento fotográfico que traen la herramienta “tijeras inteligentes” y la mayoría valen para retocar los parámetros de las fotografías.

Almacenamiento

Este es un tema muy personal que depende del dinero que queramos gastar, del espacio de que disponemos y del tamaño de nuestra colección, entre otras cosas. Poco hay que decir al respecto salvo que las conchas deben estar bien conservadas y guardadas de manera que podamos encontrar cada una de ellas con rapidez. Podemos usar vitrinas de exposición y tenerlas expuestas, o usar simples cajas para almacenarlas. Para su almacenamiento, cualquiera que sea, conviene usar bolsas de cierre por cada concha ó grupo de conchas y se ubicaran según un orden sencillo, por ejemplo en especies y géneros dentro de cada familia. Es desaconsejable ordenar las especies por orden alfabético, ya que puede que se modifique el nombre científico de algunas de ellas y nos olvidamos de corregirlo en nuestra ficha o no nos enteremos del cambio. Si tiempo después buscamos la especie por el nuevo nombre no la encontraremos en la posición esperada y podemos extraviar conchas dentro de nuestra propia colección. Hay que pensar que podemos llegar a tener cientos o miles de ejemplares recogidos a lo largo de décadas y la memoria será más imprecisa según aumente el tamaño de nuestra colección.

La Guía de los peces de Huelva y capturas del golfo de Cádiz incluye 148 especies entre quimeras, tiburones, rayas y peces marinos. Es la primera obra de estas características hecha en Huelva y abarca desde Chipiona hasta Sagres (Portugal), con especial énfasis en la costa onubense. El propósito de la Guía es dar a conocer las especies de peces más representativos de nuestra costa. Cada especie presenta una ficha ilustrada con fotografías a color y una descripción minuciosa que permite su correcta identificación. También se incluyen nombres comunes, un apartado de observaciones y datos sobre tallas de pesca y comercialización. La Guía de los peces de Huelva y capturas del golfo de Cádiz está destinada a todos los interesados en este grupo animal: biólogos, naturalistas, pescadores deportivos, pescadores profesionales, etc.

Todas las fotografías publicadas en “MedioMarinoHuelva” son propiedad, como se indica, de Gabriel Gómez Álvarez. Estas imágenes están protegidas por la Ley de Propiedad Intelectual, por lo que queda terminantemente prohibida la reproducción, total o parcial, de las mismas sin previa autorización escrita del autor.

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